sábado, 30 de mayo de 2009

Aquellos tiempos

Hace algunos días leí un mail que me envió un amigo. No suelo reenviar cadenas y cuando veo que el correo es de ese tipo, ni siquiera lo leo, instantáneamente lo borro.

Pero el título me llamó mucho la atención y cuando empecé a leer una sonrisa se dibujó en mi rostro. El mail hablaba de cómo veíamos el mundo cuando estábamos en el colegio.
Pues sí, en el colegio todo era más fácil, aunque créanme que era una de esas niñas con el gran dilema y la crisis existencial.

Aunque los problemas ahí realmente no eran tan graves, en ese momento uno podía sentir que tu pequeño y perfecto mundo estaba a punto de acabar.

Mi mamá siempre me decía que mi única responsabilidad en el colegio era estudiar. Y sí lo hice… hasta quinto de secundaria. Ahí las cosas cambiaron un poco.

Toda mi primaria fui una niña muy estudiosa, siempre estaba en los cinco primeros puestos, participaba en todas las actuaciones habidas y por haber (vela de todo entierro como solía renegar mi mamá). Pero mi vida social no era lo primordial, no era mucho de ir a las fiestas ni a las casas de mis compañeritas, de vez en cuando una que otra pijamada.
Recuerdo claramente que algunos profesores me decían que la secundaria chocaba mucho, que era un gran y difícil cambio.
Desafortunadamente, por decisión de mi mamá, tuve que cambiarme de colegio. La situación no estaba muy bien y mantener sola a tres hijos en un colegio particular era demasiado.
Lloré tanto una semana, pero luego lo comprendí. El nuevo colegio era pequeño y la gran ventaja era que quedaba a muy pocas cuadras de mi casa.

Poco a poco me fui acostumbrando, conocí nuevos amigos y las cosas mejoraron.

El último año fue el mejor. Es 5to, eres promoción. Todo concurso, actuación, campeonato es una competencia con los demás salones. Osea tu eres la promo y por ese simple hecho debes ganar todo.

Mis compañeros eran un caso y el salón claramente estaba dividido.” Los de atrás” nos solían llamar, los que hacían bulla y no prestaban atención a la clase, los que ponían apodos, los que molestaban en plena exposición.

”Las de adelante” eran las chanconas, las que no sabían qué hacer para quedar bien con los profesores, las que presentaban todos los trabajos y si se sacaban menos de 18 renegaban a más no poder.

Pero no lo niego, tal vez en algún momento fui un poco irresponsable, pero ese año fue el mejor.

El trío dinámico, las mafiosas, así nos llamaban. Sandra, Mayra y yo. Mis mejores amigas del colegio, mis cómplices, mis confidentes, mis hermanas.
Nos contábamos todo, mientras todos atendían las clases, nosotras nos dedicábamos a planear la siguiente travesura de la semana, no recuerdo cuantas veces nos apuntaron en el parte por cantar en el salón, por tomar fotos, por reírnos demasiado.
Ellas estuvieron siempre conmigo cuando me hacía un mundo por tonterías, aconsejándome, gritándome, regañándome, limpiándome las lágrimas cuando era necesario y haciéndome enojar cuando no lo era.

Pero sí, cada una tomo un rumbo diferente al terminar el cole. Aún vivimos en la misma ciudad, pero no nos vemos muy seguido.

Pero cada vez que nos reencontramos parece que el tiempo no hubiera pasado, que seguimos siendo las mismas colegialas que tienen el chisme del día, que tienen que contar algún problema, que tienen algún chiste, que bailan solas y se toman un millón de fotos.



El colegio fue una gran etapa en mi vida, pero la universidad ha sido y será la mejor. La u me ha traído las más grandes satisfacciones en mi vida, profesionales y personales. He aprendido mucho, tanto de la carrera como de mí, tengo muy buenos amigos para toda la vida y mi modo de pensar cambió mucho, pero para bien.

Pero extraño el colegio, lo admito.

Todos los cambios son buenos, una etapa empieza y otra se termina. Debemos guardar lo mejor de cada una y aprender de los errores, levantarnos y seguir adelante.

lunes, 18 de mayo de 2009

Una despedida ... un comienzo


Hace algún tiempo conversando con un amigo, le pregunté cual era la diferencia entre querer y amar. El me dijo que la palabra querer expresaba un fuerte cariño, recién conoces a esa persona, te estás acostumbrado a su forma de ser y existe una fuerte atracción.
Pero amar es diferente, me explicaba. Amar implica muchas cosas y la frase en que me resumió todo ese sentimiento fue: “Amar es cuando ya no puedes vivir sin esa persona”. Tal vez en ese momento no entendía la magnitud de esas cuatro letras… pero todo cambia.


Regresemos a Cuzco

Como escribí en el post anterior, mis primeros días en esta ciudad mágica fueron geniales. Pude conocer mejor a muchos amigos, pude relajarme (después de una difícil semana en la universidad) y pude ir conociendo Cuzco cada vez un poquito más.

El día jueves muy temprano, luego de una salida a una de las discotecas más conocidas (Mama África) y una conversación muy larga con algunos amigos, retornaba a mi cuarto. Eran como las 8:00 am, no había dormido nada, ya que por un error mis compañeras me cerraron la puerta con llave y no pude entrar a mi habitación. Tal vez no pude dormir por la bulla que hacían los chicos, o por lo nerviosa que estaba. Sebas llegaba muy temprano a Cuzco y realmente no sabía cómo sería nuestro reencuentro.

Cuando estaba a punto de entrar, una voz de la habitación de al lado me llamó. Era Ricardo, quien me preguntó si sabía algo de Sebastian. Yo toda despeinada y con unas ojeras (que ya no eran de mapache, si no de oso panda) le dije que no sabía nada y que estaba algo preocupada. Derrepente note que había un bulto en la cama (toda despistada yo, no me había dado cuenta durante mí conversación con Ricardo). De pronto alguien se levantó por debajo de las sábanas. Sí, era Sebastian, y yo me quede tan sorprendida que solo atiné a lanzarme encima de él y darle un fuerte abrazo y un beso.

Ese momento fue tan perfecto para mí, después de casi cinco meses me veía reflejada en sus ojos, sentí una gran emoción cuando me abrazó y pensé que sería genial que el tiempo se detuviera y quedarnos así … abrazados y mirándonos a los ojos.
Teníamos tantas cosas que hablar, tantas cosas que decirnos.

Por la tarde salimos a caminar por la ciudad. Nos sentamos y conversamos sobre nosotros. Como había sido este tiempo lejos el uno del otro, dijimos algunas cosas que tal vez nos habían molestado, pero todo estaba bien, mejor que nunca.
Luego de esa conversación, ocurrió algo que hizo que este viaje fuera tan especial.

Estábamos conversando y pude darme cuenta que Sebas quería decirme algo, pero no podía. Nos mirábamos fijamente y estábamos abrazados. Fue ahí cuando me dijo “te amo”.
Sí… te amo. Esas dos palabras que significan tanto y que yo ya sentía hace tiempo pero tal vez por temor a su respuesta no las dije antes. No puedo explicar lo que sentí en ese momento, pero me sentí más que feliz.

A pesar de que nos separen tantos kilómetros, esos cinco meses nos sirvieron para conocernos más, para extrañarnos, para que el hablar todas las noches y escuchar su voz se convierta en una necesidad, para abrir mi corazón por completo y dejar atrás cualquier tipo de temor.
Nuestra relación dio un gran paso y sólo importaba eso.

Los días en Cuzco juntos fueron geniales. Caminar por la ciudad de la mano, ir en compañía de todos nuestros amigos a conocer Machu Picchu. Créanme que esa fue una experiencia inolvidable, nos fuimos con el espíritu súper aventurero, pero todo salió bien.


Un Reencuentro… una despedida

Después de 4 días yo debía regresar a Tacna. El último día Sebas me dijo que tenía que hacer algunas cosas y luego pasaría por mí para ir a almorzar.

Aproveché la mañana para terminar de arreglar mi maleta, que por un milagro pude cerrar sin ayuda de mi mami. Luego de bañarme, cambiarme y desocupar la habitación fui a ver a mis vecinos (Kike, Gonza y Odar). Recién se despertaban y arreglaban sus maletas.
Esa sería la primera despedida

Este viaje cambió muchas cosas, pude conocerlos más y convertirme en su “brother”, como cariñosamente me llaman ahora. Terminaron de arreglar sus cosas, tomamos un desayuno improvisado (agua mineral, galletas de soda y una doña pepa que partimos en 4). Luego cada uno me dio una pulsera y les prometí que las cuidaría y las llevaría siempre en mi muñeca.
Era hora de almorzar y todos se tenían que ir. Momento de la despedida, los abrazé a todos muy fuerte y empecé a llorar. Odio las despedidas. Justo cuando todos se iban, llegó Sebas, quien me consoló.

Fuimos a almorzar y ya me sentía un poco mal. Luego de haber estado toda la semana bien en Cuzco, el último día cogí un resfriado que me tenía algo molesta.

Sebas dijo que al terminar tenía una sorpresa para mí.

Antes de entrar a ver la sorpresa, me pidió que me cubriera los ojos. Cuando entramos y me dijo que ya podía ver, abrí mis ojos y una sonrisa se dibujó instantáneamente. Había un ramo de rosas y una bolsa que tenía una caja enorme de Vizzio (mi debilidad son los chocolates). Dentro de la bolsa había una tarjeta, pero yo sabía que si la leía en ese momento me iba a quebrar, así que preferí leerla al subir en el bus que me llevaría a casa.

Luego de la sorpresa, ya sólo quedaban pocas horas para mi regreso a Tacna y decidimos que lo mejor era conversar sobre la despedida. Fue difícil tocar ese tema, pero ahora comprendo que fue lo mejor. Los dos lloramos, pero hicimos la promesa de que estaríamos bien y que nos esforzaríamos para sacar adelante nuestra relación.

Fuimos a mi hotel, recogimos mis maletas y junto a Janny nos fuimos al terminal.

Ya era hora de partir, metimos las maletas en el bus y era el momento de la despedida.
Nos abrazamos tan fuerte, le dije que tuviera presente cuanto lo amaba y subí al bus con mis rosas en la mano. Acomodé las rosas en la parte delantera del asiento, acomodé mi mochila y cuando estaba a punto de sentarme me di cuenta que aun quedaba un poco de tiempo. ¿Quedarme sentada?, pues no. Debía aprovechar hasta el último minuto con él.

Bajé del bus y él se sorprendió al verme. Corrí, lo abracé y le di un beso. Nos dijimos cuanto nos íbamos a extrañar y sobre todo que no olvidáramos la promesa que nos habíamos hecho.
El motor del bus se encendió y ahora sí debía subir, nos dimos el último beso y le dije cuanto lo amaba.

Me senté, Janny me preguntó si estaba bien, le respondí que sí con una sonrisa. Saqué la tarjeta de la bolsa y la empecé a leer. “Te quiero no por quien eres, si no por quien soy cuando estoy contigo” fue la última frase que me escribió. En ese momento tenía tantos sentimientos encontrados, tantas cosas en que pensar, la semana había sido genial, estar juntos de nuevo después de cinco meses había creado tanta expectativa entre los dos. Pero no cambiaría nada, todo fue perfecto.


Una despedida … un comienzo

Pues sí, las despedidas son de lo peor. Pero también creo que son el comienzo de algo mucho mejor.

Nuestra relación creció, dio un gran paso y eso nos hace felices.

Conversando ayer nos dimos cuenta que muchas cosas habían cambiado, todo era tan incierto antes. Pero nos arriesgamos, apostamos por tener esta relación que nunca imaginamos que se podría concretar. Pero como me dijiste ayer… “Lo inesperado sale mejor”.
Y sí, hemos puesto de nuestra parte para superar todos esos obstáculos y para conocernos mejor.

Ahora que han pasado 6 meses, lo único que puedo decir es que no me había sentido tan feliz antes, comprender el verdadero sentido de amar a una persona no se puede expresar, pero es algo maravilloso.

TE AMO y te agradezco por ser mi complemento, mi compañero, mi confidente estos 6 meses.

Felices 6 meses !!!!

lunes, 4 de mayo de 2009

El viaje soñado

Admito que abandoné totalmente este blog que abrí hace algún tiempo para contar algunas anécdotas que merezcan ser contadas. No escribía tal vez por falta de tiempo o porque no tenía ganas de hacerlo. Pero creo que vale la pena contar este viaje que le dio un giro de 360° a mi vida.

Cuzco… cuando era pequeña siempre imaginé que iría por mi viaje de promo, pero por una mala organización de los padres de familia (que eran tan indecisos) terminé yendo a Arequipa, no me quejó, la pasé genial.

Un viaje cargado de responsabilidades: Una asamblea, un congreso, paseos, etc.… pero sobre todo este viaje tenía un motivo que no me dejaba dormir y me tenía algo inquieta muchas semanas atrás

Hace casi cinco meses que no veía a Sebas y este sería el lugar indicado para nuestro reencuentro.
Sí, una relación a distancia, él vive en Lima y yo en Tacna. Difícil de explicar, difícil de comprender, pero cuando dos personas se quieren no importa la distancia ni los comentarios sin sentido de las personas que creen que una relación así se caracteriza por ser una relación de felices los cuatro (aprendí a reírme de esos comentarios)
Al comienzo ni él ni yo estábamos seguros de lo que se nos venía, si podríamos soportar el no vernos todos los días, hablar sólo por teléfono o a través de correos, tener que pasar solos un día tan especial como San Valentín o ponernos melancólicos cuando cumplíamos un mes más.
Pero con todo y todo, así somos felices y lo supimos llevar de la mejor manera.

Regresando al viaje, Cuzco es una ciudad mágica, esa es la única palabra con la que se le puede definir. Llegué un lunes (después de un largo, pesadísimo pero gracioso viaje por Puno) y al fin mi sueño se hacía realidad.


Todo era tal y como lo había imaginado: Las casas todas (o la gran mayoría) con un techo de teja que le da un toque característico a la ciudad, las nubes parecían algodones inmensos y adornaban los paisajes increíbles que rodeaban la ciudad, turistas de todas las nacionalidades de un lado para el otro y al respirar sentías una vibra que si no te congelaba, te llenaba de emoción.

Gracias a la gestión de un buen amigo, Kike, conseguimos un hotel muy acogedor, a una cuadra y media del centro, que al pasar los días se convertiría en “el point”, ya que la mayoría de delegaciones se quedaron ahí.

Los primeros días fueron divertidos, reencontrarme con amigos a los que no veía tiempo y conocer nuevas personas que rápidamente también se convertirían en amigos, caminar por toda lar la ciudad y tomarme un millón de fotos junto a mis compañeras de viaje Janny y Bea, probar la comida típica ( créanme que no se pueden ir de Cuzco sin comer el adobo Cuzqueño, es demasiado!!!) y claro, asistir al congreso.

Noches de discotecas, aunque a veces la música no favorecía (o al menos a mí), demasiada electrónica para mi gusto, pero sin embargo igual la pasamos bien y nos divertimos como decíamos antes de salir del hotel: hasta las últimas consecuencias!

Este es un pequeño resumen de mis primeros días inolvidables en Cuzco. Lo más interesante viene ahora. Sebas llegaba el jueves y los días pasaban extremadamente lentos y no veía la hora de estar juntos y decirle cuanto lo quería y lo mucho que lo había extrañado… pero eso ya es otra historia!
Continuará ;) ....
( Agradecimiento especial a bibi !!! si amiga sé que no te nombré pero fuiste una de las personas que más alentó para que subiera y actualizará mi blooog ! ... lof u nena !! )